Como padres, no solo somos quienes más influimos en el corazón de nuestros hijos para tener una relación con Dios, sino que nadie tiene más potencial de ayudarles a ver cómo es Dios que los padres.

¿Qué pasaría si como padres le pusiéramos la misma pasión, energía y determinación con la que cuidamos y vemos por la seguridad física de nuestros hijos, al área espiritual de sus vidas? ¿Cómo serían sus relaciones, decisiones, reacciones?

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