De vez en cuando nos encontramos con gente atrapada en circunstancias de “mientras tanto” que no cambian, que no se pueden alterar y que los llevan a lugar donde están dispuestos a recibir sus circunstancias, sus aflicciones, sus enfermedades, sus pérdidas, y sus discapacidades como si vinieran de la mano de su Padre Celestial.

¿Cómo esa gente mantiene una fe extraordinaria a pesar de sus circunstancias extraordinariamente difíciles?

¿Dónde encuentran esa paz que caracteriza sus vidas?

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